Miles y las costumbres que trae la lluvia

Me bajé del subte ya con el pucho en la boca. Hace semanas que mi viejo pero leve hábito reapareció con los pensamientos de la mañana.

Llovía que daba idea, prendí el pucho dentro y salí. Gris el día, poco transitable la calle y lento el viaje mientras protegía mis vicios.

Llegue como bañado. Amague a tocar el timbre, me peine primero y toque. Una gota se adelantó al fuego y mi protegido ya no era más.

Daniela, la hermana de Paula, abrió la puerta y se rió de mi apariencia mientras yo le devolvía el gesto con una cara seria poco creíble.

– Que haces pendeja? – le dije.

– Mejor que vos seguro – contestó riéndose con la misma risa que la hermana. Le devolví una sonrisa y le bese el cachete con cuidado de no mojarla.

– Pau está arriba bañándose, pero subí, mi viejo no está – y se fue sonriéndome.

Subí y entré al cuarto de Paula. Escuchaba el agua de la ducha de fondo, los autos pasar por las calles mojadas, la música de Dani y por sobre todo y todos los sentidos, su olor. Sin darme cuenta el humor me había cambiado y poco importaban las cosas tanto como solían.

Me saque la remera, el pantalón y me puse ese shortcito horrible que a ella le gusta robarme y a mi poco me importa.

Me acosté boca arriba en su cama escuchando todos los sonidos que tan pocas veces cobran valor. Pensé en entrar con ella a la ducha, pero empezó a cantar y solo mi cuerpo sabe cuánto me gusta escucharla cantar.

Me dormí.

No soy de acordarme de los sueños, pero si me esfuerzo bastante poco puedo sentir el calor en el cuello, detrás de la oreja, del beso con el que me despertó. Desperté con ganas, gire la cabeza hacia ella y le sonreí.

Tenía la toalla en el pelo y otra que le tapaba el cuerpo realizando un pésimo trabajo.

– Hola morocha, tenía ganas de verte – le dije, porque cambiante como era, ahora era morocha.

Me beso y todo fue inercia y desnudez. Me gusta coger con ella, y en realidad con muy poca gente, agarrándole la cara y mirándola a los ojos.
Me gusta someterla con una pobre ilusión de dominación, clásica de la cultura en la que me nutrí. De todas formas prefiero esto y ver cómo sus ojos pierden balance con el placer, callando sus gemidos con besos, y no ser un obstáculo en el desarrollo de su hermosa persona.

Terminamos a la vez y basándonos la boca.

Nos tiramos en la cama. Puse Miles Davis, y mientras duró la canción vi como nuestras costumbres le achicaban los ojos y compensan rápidamente en sonrisas.

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